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miércoles 17 enero 2018
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Cecilia Toresani │ Trazos de una imprescindible

Hace un mes, Cecilia Toresani partió inesperadamente. En su memoria y a partir de la charla con dos grandes amigos, comenzamos a desandar sus pasos y descubrimos un largo recorrido previo a su llegada a Río Negro que, quizás, muchos compañeros desconocen.

Psicóloga de profesión, nacida en la ciudad de Rosario y militante de toda la vida, llegó a la provincia de Río Negro en sus años de juventud y hace casi 20 años se afilió a ATE. Fue Delegada Sindical y llegó a ser una referente social reconocida en la ciudad y en la Zona Atlántica.

Repasar parte del trazado de una vida, desde siempre comprometida con los valores de justicia social más profundos, será un nuevo intento de homenajear a una de las imprescindibles.

Su militancia de juventud. Caminos que encuentran
“La conocí a los 17 o 18 años”, cuenta María Suárez, una de sus grandes amigas, con quien iniciara desde muy joven en Rosario un largo recorrido marcado por el compromiso social. “Ella comienza primero desde una cuestión de fe y compromiso cristiano, que después se fue transformando en una militancia y lucha social, a través de la conformación de distintas organizaciones”, recuerda Suárez.

Cecilia provenía de una familia muy religiosa, pero desde la “Opción por los Pobres”. En esta simiente, tuvo una hermana que fue religiosa de la Congregación de las Hermanas Redentoristas; fue una de las principales protagonistas de los Seminarios de Formación Teológica (SMT) y desde la mirada cristiana amplia y liberadora, del Encuentro Nacional de Mujeres y de la Marcha de los Chicos del Pueblo.

Co-fundadora del Grupo Obispo Angelelli (GOA), el principal ámbito de coordinación de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), compartió la vida, los sueños y las luchas con reconocidos militantes como el sacerdote Edgardo Montaldo y el recordado Pocho Lepratti, entre otros tantos compañeros.

“Pocho formaba parte de un grupo desde el cual trabajábamos en distintas villas de Rosario. Con él estábamos en el barrio de Ludueña, pero trabajábamos en distintos barrios y nos conocíamos de esas actividades”, relata Suárez y cuenta que Ludueña era un semillero de muchas personas comprometidas con proyectos sociales. “Ahí también se gestaron las luchas por las Comunidades Eclesiales de Base, desde la Teología de la Liberación. Esa mirada de lo social y la opción preferencial por los pobres de un sector de la iglesia nos fue nucleado al principio. Después algunos nos apartamos de la iglesia, pero conservamos el mismo compromiso”.
 
Así también la recuerda Gustavo Martínez, de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) de Rosario. “Independientemente de los Gobiernos, el trabajo en las barriadas es lo que se sostiene. Y en Rosario, desde los años 80 y 90, hay diez o quince ejemplos de eso. La base de ese laburo estuvo justamente en las Comunidades Eclesiales de Base y ahí estuvo Cecilia”, relata.

 

Sus tiempos de militancia universitaria
Con Gustavo también transitaron juntos el espacio de formación universitaria. “Con Cecilia compartíamos la cursada en Ciencias Políticas, después ella cambió por Psicología, pero militábamos juntos en el movimiento estudiantil y conocí todo ese mundo que desarrollaba en los barrios. Tenemos que resaltar su historia en Rosario para que la conozcan sus compañeros en el sur. En esta parte del país ella será recordada por cientos y cientos de militantes que se cruzaron con ella en esos ámbitos”.

“Yo la conocí en una huelga de hambre por el ingreso irrestricto a la universidad y después nos empezamos a comunicar y a compartir espacios y a trabajar muchos años después por las comunidades. Viajamos juntas a conocer otras experiencias para aprender y fuimos compartiendo todo un camino. Fue toda una vida tratando de pensar por dónde, cómo cambiar la cabeza de una sociedad que cree más en el individualismo y no entiende que somos parte de un todo”, agrega María Suárez.    

Siguiente estación: Río Negro
Como psicóloga, Cecilia conoció en Rosario el proyecto de trabajo en Salud Mental sin encierro que se estaba desarrollando Río Negro. Seducida por ese planteo de desmanicomialización decide aportar con su trabajo y se muda sola a esta provincia, donde más adelante formaría su familia.

“Le parecía interesante, comprometido. Pero después resultó que se sostenía más sobre el cuerpo y la salud de los trabajadores y trabajadoras que sobre las políticas públicas y realmente eso fue muy dañino en su vida”, cuenta su amiga, a quien siempre relataba sus vivencias.

Como a muchos trabajadores rionegrinos, a Cecilia le tocaba hacer 15 días de guardia sin interrupciones y cuando surgía alguna situación, tenía que salir a cualquier hora de la madrugada, teniendo una beba. Todas estas cuestiones y el estar permanentemente alerta fueron muy desgastantes. Ella creía que había un Estado y un sistema comprometido con otra mirada en relación a la salud y no fue así.

Trabajadora del Hospital de Sierra Grande “Dr. Pablo Bianchi” e impulsora de los derechos de la mujer, Toresani fue una luchadora incansable contra la violencia intrafamiliar y de género. Se recordará por siempre su gran dedicación y esfuerzo en esta temática. Fue, además, impulsora de la instalación de la Unidad Ejecutora Local (UEL), logro que se obtuvo hace algunos años.

El corazón en Rosario
Cecilia nunca dejó de viajar a Rosario, donde tenía parte de su familia, y muchos amigos con quienes siempre mantuvo y sostuvo una cercanía más allá de las distancias. 

“Siempre fue una persona muy llena de vida, de colores, afectuosa, con mucha vitalidad y espiritualidad. Era una persona coherente, humilde, siempre muy próxima, caminando a la par. Eso lo sentíamos todos, y todos necesitábamos sus abrazos y su compañía”, recuerda su amiga.

Humildad, dedicación y respeto, la caracterizaban. Su energía imparable desde joven, con el trabajo, el estudio, las movilizaciones, la lucha en la calle. Armando carteles, preparando actividades, generando dispositivos cada vez más creativos para abordar distintas situaciones, a veces complicadas. Siempre innovando para que el trabajo pudiera destrabar cuestiones difíciles.

Hasta siempre, compañera!
Cecilia contagiaba entusiasmo, alegría, esperanza. Era una persona muy dulce, con una mirada de mucha consideración y respeto hacia las dificultades de las personas, las familias, las comunidades, con mucho amor.  Su corazón se detuvo -tal vez porque no pudo soportar los dolores del momento actual- pero su amor no encuentra límites y seguirá sembrando vida. Hasta siempre, Cecilia!




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